Crónica de IM en Bilbao, de la web The Metal Circus:
IRON MAIDEN
Para ser IRON MAIDEN, extrañó bastante que un cuarto de hora después de la hora de inicio estipulada la banda aun no estuviera sobre el escenario. La puntualidad británica falló, aunque probablemente tuvo algo que ver con que todo el equipo de IRON MAIDEN llegara con cinco horas de retraso al recinto del festival. “Pensábamos que no ibamos a hacer el show” explicó Bruce Dickinson al borde del final de show a toda la audiencia. “Pero nuestro road crew ha montado toda esta mierda en tan solo tres horas” dijo, aprovechando la ocasión para darles las gracias a todos y cada uno de los técnicos que acompañan a la doncella en gira.
A pocos minutos de comenzar el show, los técnicos de la banda probaron sonido con todo el personal ya concentrado ante el escenario principal del festival. ¿Y como probaron sonido? Interpretando íntegro el “Highway To Hell” de AC/DC, lo que provocó el furor entre los fans que llevaban horas agolpados ante el escenario principal. Una vez acabó la prueba, salió la banda a escena, con su intro de la última gira. La aparición inesperada de Nicko fue la más vitoreada, con un sector del público incluso canturreando el nombre del bateria de nariz inexistente. Cuando la música de la intro para, Nicko suelta su clásico “’Arryyy” y la banda entera aparece en escena al son de “Different World”. Dickinson, como siempre, no se escucha en los primeros versos, pero la cosa queda rapidamente arreglada. La banda corre arriba y abajo, pateandose el escenario con el entusiasmo habitual. Es más, por una vez parece que hasta se lo están pasando genuinamente bien en las tablas, riendo y haciendo bromas entre ellos continuamente.
El inicio del concierto, por descontado, fue sombrío. Ha de serlo cuando interpretas canciones en las que hablas de guerras y bombas atómicas, como “These Colours Don’t Run” y “Brighter Than a Thousand Sons”. No obstante, cuando suena “Wrathchild” – ésta vez sin que Dickinson se caiga por ninguna parte- las cosas vuelven a su sitio y el público responde adecuadamente. Por mucho que IRON MAIDEN vayan cambiando su repertorio, siguen siendo los clásicos los que despiertan la mejor reacción de los fans. Ergo, cuando arranca “The Trooper” y Dickinson ondea su union jack vestido de soldadito de plomo, los “ahs” y “ohs” del público son todo un clamor. No lo fueron tanto cuando interpretaron la mítica “Children Of The Damned”, celebrando así los veintinco años del disco “The Number Of The Beast”. Parece mentira que los fans solo conozcan los temas más típicos de algunos discos y se olviden de algunas obras de arte como la mencionada.
El concierto llegaba a su parte central, con las interpretaciones de “The Reincarnation of Benjamin Breeg” y “For The Greater Good of God”, dos de los mejores temas del último disco de IRON MAIDEN, “A Matter Of Life And Death”. Si, fueron bien recibidos. Algunos sectores del público los cantaban con todas sus ganas. Pero cuando sonó la introducción de “The Number of the Beast”, aquello se vino abajo, comprensiblemente. Hasta hubo un diablo apareciendo desde la parte trasera del escenario, con cuernos y todo, como mandan los cánones. Y de “Fear Of The Dark”, mejor ni hablamos. La locura.
Llegando al final del concierto, la banda ofreció versiones de “Run To The Hills” y “Iron Maiden”. Curiosamente, Dickinson confundió el orden de los temas y gritó un “Scrrream for me Bilbao” antes de “Run To The Hills” que corrigió rapidamente un eficiente Nicko iniciando el ritmo del viejo hit. Fue uno de los momentos más emocionantes de la actuación, sin duda, porque – en el fondo- las aproximadamente diez mil personas que estaban viendo a IRON MAIDEN en ese momento, sólo querían cantar esa canción. Pero, ahora sí, faltaba el final ultra-heavy de “Iron Maiden”, con aparición del tanque incluída. De todos modos, y comparando el show con el de Barcelona en noviembre de 2006, la reacción en ese momento clave de la escenografía del show fue bastante más fría. Casi como diciendo “ah , coño, un tanque, mola”. Curioso.
Después de que la banda volviera a escena, hubo uno de los momentos más graciosos del show. Bruce Dickinson estaba especialmente dicharachero esa noche y comenzó su discurso habitual sobre que el año que viene volvierían a España para tocar temas de “Powerslave” como “The Rime Of The Ancient Mariner” y con la escenografía de aquella gira. Pero claro, en Bilbao decir “sí, el año que viene volveremos a España” no es siempre bien recibido. Dickinson captó el mensaje rapidamente. “Cuantas personas de las que hay aquí son españolas?” preguntó, ante unas pocas y timidas manos levantadas. “Veamos ahora: cuanta gente de la que hay aquí es vasca?” preguntó de nuevo ante el griterío generalizado. “¿Véis? Mi geografía no es tan lamentable” dijo Dickinson. “Y es más, no me jodáis, así es como comienzan las guerras” espetó. Finalmente preguntó “¿Cuánta gente de la que hay aquí es fan de IRON MAIDEN?” y claro, la gente perdió el oremus considerablemente. A aquello de las 23:55, por muy poquito, la banda comenzó a tocar “Two Minutes To Midnight”, recibida como si de maná divino se tratase. Lo mismo sucedió con “The Evil That Men Do”, donde apareció nuevamente Eddie, pero en ésta ocasión andando por el escenario y bailando por momentos. En la canción se dio otro de los momentos graciosos del show, cuando Bruce sujetó los cables de guitarra de Dave Murray y Janick Gers, forzando que no se pudieran mover del sitio en el que estaban durante buena parte del tema. Dickinson cantó el tema mientras se descojonaba de la risa y mientras Harris se acercaba al grupito para ver que sucedía y se unía a las risas. En pocas palabras, Dickinson tenía cogidos a IRON MAIDEN por los huevos. Casi como en el periodo 1993 – 1998.
El show llegó a su fin con la épica “Hallowed Be Thy Name”, que disfrutó de la gloria habitual por parte de todo el público. Janick Gers, Dave Murray y Adrian Smith se entregaron al máximo a lo largo de los múltiples solos de la canción, haciendo delirar al público hasta extremos médicamente peligrosos. Harris corrió arriba y abajo, ametrallando al público con su bajo y ofreciendo las últimas gotas de su sudor a las primeras filas. Y tal y como acaba la canción, dos furgonetas esperan al grupo a pie de escenario. Y antes de que acabe de sonar la mítica “Always Take a Look at the Bright Side Of Life”, Iron Maiden ya deben estar en su avión privado camino del Reino Unido.
trebol